Autenticidad

Autenticidad

Los vinos auténticos no encajan en un molde preestablecido. Al contrario: se adaptan a la diversidad en viticultura, elaboración y producto final. No obstante, todos los vinos auténticos tienen en el fondo una profunda identidad local originada por una elaboración respetuosa. Los vinos auténticos no son vinos hechos para agradar a periodistas o ganar premios. Son vinos equilibrados y sutiles, hechos para la apreciación reflexiva en lugar de para la gratificación inmediata en cata. Los métodos para lograrlo son prácticos y variados, dependiendo de las particularidades del viñedo y de la bodega, así como del estilo y segmento de mercado de cada vino. De esta manera, el concepto de autenticidad en el vino es inclusivo y progresivo. Por ejemplo, para maximizar la expresión de lugar de un vino, una bodega puede necesitar considerar la madurez del fruto en el contexto de su programa de vendimia o realizar pequeños ajustes en la intervención durante la etapa de vinificación.

Una modificación cuidadosa en cualquiera de estas áreas puede ser la diferencia entre producir un vino ordinario y uno que muestre una gran identidad. A continuación se muestra una lista de criterios en los que trabaja Península en un esfuerzo por hacer vinos más auténticos: -Viñas con rendimientos equilibrados. -Uva vendimiada lo suficientemente temprano como para mantener frescura y definición varietal.  – Niveles de alcohol en armonía con el resto del vino. – Fuerte identidad de lugar con pureza y transparencia. – Libre de defectos y estable en el embotellado. – Elaborado utilizando una enología sensible.

Elements que hacen un vino auténtico

Enología sensible – El camino a la identidad de lugar. La enología sensible realza en el vino la expresión de su origen. Como tal, es la piedra angular para elaborar un vino auténtico. Vinificación sensible es donde convergen la intuición y la metodología. En esta intersección se aprecia y respeta la naturaleza, pero también se reconoce el papel esencial de la ciencia. En la bodega, esto significa un enfoque equilibrado de la intervención, en algún lugar entre una vinificación ¨natural¨ (libre de azufre) y una “tecnológica”. La vinificación sensible reconoce que sin la intervención del vinicultor no existiría el vino. En consecuencia dejar un vino a su “libre albedrío” nunca resultará en un vino auténtico. Igualmente, demasiada intervención enmascara la diversidad y la personalidad del lugar. El grado de intervención requerido siempre debe adaptarse a las características del sitio para lograr la identidad de lugar deseada en el vino final.

El continuo de intervención

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